La invasión norteamericana de 2003 a Irak fue más que la guerra de George W. Bush contra una nación particular. La destrucción del país árabe fue, sino el más grave, uno de los genocidios culturales más grandes que ha sufrido la humanidad en su historia como especie.
El territorio que hoy conforma el moderno Irak es el corazón del área geográfica donde tuvieron lugar los estrenos antropológicos que hicieron del hombre un animal superior, que lo identifican como género dominante entre las millones de especies que habitan este globo: la agricultura, la domesticación de animales, la escritura, los números, el manejo de metales, la vida urbana y las ciudades, las matemáticas, el algebra, la astronomía y la astrología, entre otros tantos, fueron fenómenos que se gestaron allí, en el valle mesopotámico.
La historia de la región, por tanto, no es la historia de una étnia u organización política particulares, sino prácticamente la del Hombre, en mayúscula, antes de que se desperdigara por el mundo e hiciera cada cuál su propia historia. He ahí donde radica su excepcional valor cultural y la verdadera dimensión de la catástrofe, pues la región invadida supera los límites continentales, nacionales, raciales y religiosos, alzándose como una dosis de ecumenismo histórico.
Cosa muy distinta es que hayan tenido los árabes de Irak la fortuna de hacer su
destino reciente allí. Porque si fue lugar de estrenos concernientes a todos, fue también testigo del cenit de innumerables civilizaciones con nombre propio, lo que duplica la gravedad de la pérdida. Es uno de esos lugares en el que el hombre si alguna vez quisiera preguntarse de dónde ha venido hallaría respuestas. Pero después de cuatro años de ocupación y bombardeos, no es otra cosa que el campo de guerra en el que occidente se hizo de la zona. Y de los campos de guerra de nuestros días no quedan sino cenizas. Nada.
Indiscutiblemente, a Bush le hizo falta leerse unos cuantos libros de historia Universal para haberse enterado de qué era Irak, de su devenir milenario más allá de Hussein y los árabes. Bush pasará a la historia como el genocida cultural más grande del siglo XXI, y la sociedad contemporánea, como aquella que dejó pasar impune el magnicidio, dándole a los anales algo más de que hablar, aparte del Internet, la carrera espacial y el calentamiento global.
En la invasión, el presidente Uribe fue aliado incondicional de Bush. A Uribe, que posiblemente buscará su tercera reelección, le faltan de seguro las mismas lecturas que al mandatario norteamericano.
El territorio que hoy conforma el moderno Irak es el corazón del área geográfica donde tuvieron lugar los estrenos antropológicos que hicieron del hombre un animal superior, que lo identifican como género dominante entre las millones de especies que habitan este globo: la agricultura, la domesticación de animales, la escritura, los números, el manejo de metales, la vida urbana y las ciudades, las matemáticas, el algebra, la astronomía y la astrología, entre otros tantos, fueron fenómenos que se gestaron allí, en el valle mesopotámico.
La historia de la región, por tanto, no es la historia de una étnia u organización política particulares, sino prácticamente la del Hombre, en mayúscula, antes de que se desperdigara por el mundo e hiciera cada cuál su propia historia. He ahí donde radica su excepcional valor cultural y la verdadera dimensión de la catástrofe, pues la región invadida supera los límites continentales, nacionales, raciales y religiosos, alzándose como una dosis de ecumenismo histórico.
Cosa muy distinta es que hayan tenido los árabes de Irak la fortuna de hacer su
destino reciente allí. Porque si fue lugar de estrenos concernientes a todos, fue también testigo del cenit de innumerables civilizaciones con nombre propio, lo que duplica la gravedad de la pérdida. Es uno de esos lugares en el que el hombre si alguna vez quisiera preguntarse de dónde ha venido hallaría respuestas. Pero después de cuatro años de ocupación y bombardeos, no es otra cosa que el campo de guerra en el que occidente se hizo de la zona. Y de los campos de guerra de nuestros días no quedan sino cenizas. Nada.
Indiscutiblemente, a Bush le hizo falta leerse unos cuantos libros de historia Universal para haberse enterado de qué era Irak, de su devenir milenario más allá de Hussein y los árabes. Bush pasará a la historia como el genocida cultural más grande del siglo XXI, y la sociedad contemporánea, como aquella que dejó pasar impune el magnicidio, dándole a los anales algo más de que hablar, aparte del Internet, la carrera espacial y el calentamiento global.
En la invasión, el presidente Uribe fue aliado incondicional de Bush. A Uribe, que posiblemente buscará su tercera reelección, le faltan de seguro las mismas lecturas que al mandatario norteamericano.
1 comentario:
Diatribas contra la invasión a Irak son muy frecuentes en la blogósfera. Está bien sustentada pero no es la más orignal. 4.0
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